habla cOmo los Políticos

 

    Esta exposición trata de discurrir lejos de la confusión y la ignorancia implícitas en el lenguaje de los políticos.
 
    Ignorancia que viene dada por el silencio. La ignorancia es una bendición; no hay como no saber, para aprender. Pero el silencio es una condena. De lo que no hablamos, no sabemos. Sobre lo que no sabemos, no podemos decidir.
    Confusión porque no siempre los políticos tratan de engañarnos. Pero siempre juegan contra la inmediatez necesaria de su mensaje. Tienen que usar conceptos escuetos que puedan competir con la brevedad, y superficial brillantez del discurso opositor.
 
    De poco sirve tener buenas ideas si son más complejas que las del contrario. No llegarán a tiempo al público.
    La alternativa a la vorágine de discursos exprés, incompletos y enredados entre réplicas banales, es tener un discurso propio; de elaboración estrictamente personal, de cada cual.
 
No tener incertidumbres.
Tener preguntas.
 
No tener expectativas acríticas.
Tener exigencias razonadas.
 
    Para elaborarlo se pueden (por ejemplo) elegir unas pocas palabras que resulten interesantes, y razonarlas. Esta hoja propone algunas.
 

Salgamos de las aguas bravas,…,
      …
a pensar,…,  
un momento,…