Entendámonos


Políticos, vendedores ambulantes, lógica y matemáticas


     Hablamos el mismo lenguaje, sí. Pero nos cuesta entendernos. Nos gusta que nos engañen cuando la realidad no es lo bastante divertida, o cuando es excesivamente cruda. ¿Quién no ha disfrutado del placer del engaño (de ser engañado) viendo una película o leyendo un libro de ficción?
     Solo teniendo los pies bien en la tierra se puede disfrutar de la única expresión del lenguaje que dice la verdad. La poesía.
     Casi siempre nos conformamos con la certeza total (e irreal) de las matemáticas y la lógica. Dos señoras que nos conducen por la vía del progreso tecnológico y el confort, aunque juegan en el mismo campo que las proclamas adictivas con afán de verdad de los vendedores ambulantes, y de los vendedores sentados al teclado,…, y de los políticos. La ventaja que tienen ambas es que podemos medir cuánto las respuestas se corresponden con lo que habíamos preguntado. Aunque no podamos determinar si son ciertas o falsas.
     Es menos falso mentir abiertamente que cambiar de tema.
     
     – ¿A dónde vas?
     – Manzanas traigo.
     
     ¿Esta respuesta es verdadera o falsa? Nos da igual. Porque no es eso lo que habíamos preguntado. Muchas veces los políticos aportan datos que luego los expertos muestran como falsos. Pero la falsedad no consistió tanto en mentir (¿O solo se estaba engañando a sí mismo?) como aseverar con rotundidad sobre algo que nadie se había preguntado.
     
     Si yo miento con claridad. Todos pueden posicionarse respecto de mi mentira. Es una manera de decir la verdad si aviso de que estoy mintiendo.
     Si digo una mentira, que todos reconocen, no es del todo una mentira. Tú y yo podemos, con mis mentiras y tus negaciones (y viceversa), ponernos de acuerdo sobre qué nos importa a ambos; dejando para mas tarde la comprobación de si es verdad o mentira.
     Tú y yo podemos aspirar a ponernos de acuerdo acerca de qué estamos hablando, y marcarnos una medida para tus significados y los míos que podamos usar en común.
     Voy a decir cuatro mentiras elaboradas, que te den qué hablar, para que me contradigas, para estar de acuerdo en que no estamos de acuerdo, o que sí. Incluso para determinar qué hacer después de lo que nos hemos dicho. Y si no lo hacemos nosotros, confiémoslo a los gobernantes a quienes vamos a votar.